Surcos

La blanca enfermedad de mi agonía
inunda mis cabellos de sudor.

Frondoso de ti estaba
cuando estuve, y solo ahora,
los arados de mis manos
arrancan la calma de mi pecho.

Surcos de ira abren, de los
que mana sangre con hervor.

Rojo caudal riega este árbol
que tiene levantada mi pasión.

El errante ser que en mí convive,
llamas encuentra en mi mirada
al asomarse a la oscura locura
del espejo que mi vida sobrevive.

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~ por Caesar en 3 de abril de 2012.

 
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