El personaje

Vengo una vez más, y mi camino pasa por ti. Indudablemente. Sólo una cita para contarte qué hubo nuevo en mi vida. Como si fuera fácil decirle a un café y a ti lo que exprimo de mi propia experiencia, aunque sea en mis últimas tres semanas. Y es que con lo que me gusta el ganarle partidas a mi vida, decirlo en lo que queda entre sorbos de un café, no resulta fácil. Ni cómodo. Sabes que lo intenté y, en el intento, viste una mueca en mi rostro que disimulaste con elegancia. Se la debo a los compañeros que me he buscado hace unos días. Esclavos de su propia existencia, una caterva de oscuros se afanaban a diario por vengarse de mi curiosidad. Me fui lejos buscando la tranquilidad de una ventana solitaria, pero vecina de una playa. Allí, he estado sumergido en la historia que debía sacar y, como siempre, los habitantes del papel viajaban de las líneas a mi mente en un incesante vaivén que acababa conmigo cada noche. Siempre es así, pero en esta ocasión ha habido uno que empezó acariciando mi curiosidad con especial insistencia; algo que vino con un rumor refrescante pero que, poco a poco, fue tornándose en almíbar manteniéndome atrapado por descubrir más de su origen. Fue acaparando mi atención hasta tal punto que no conseguía separar mi existencia de su recuerdo. Se ve que él quería hacerse imprescindible en mi historia, y a fe mía que lo consiguió. Y no me arrepiento: ha terminado imprimiendo un carácter a mis letras, al que yo no aspiraba. Sin embargo, he tenido que pagar unos días de oscura introspección por ello. El oscuro personaje se había aferrado a mi garganta, ya como queriendo expresarse por mí. Un áspero y dulzón sentimiento me ha saturado en estos extraños días, hasta que he podido vomitar al maligno. Ahora, que han pasado los trabajos, vuelvo a retomar el deseo por ti que nunca abandoné.

Yo he vuelto desde el otro lado.

Anuncios

~ por Caesar en 9 de mayo de 2010.

 
A %d blogueros les gusta esto: